Ser desinteresado

2021/06/01

Oyasama decía siempre:

«No puedo pasar un día sin salvar a alguien aunque solo sea una persona».

  Imaginemos estar realizando el Hinokishin en familia limpiando un parque, una playa o alguna avenida. En eso, viendo la basura desperdigada, uno de nuestros hijos hace un comentario ingenuo: «¿Por qué la gente bota la basura en este lugar? Es una molestia para los demás...». A pesar de ello, limpiar recogiendo la basura nos da una sensación refrescante y la familia entera termina sonriente.

  Ciertamente, en este mundo hay dos tipos de personas: las que tiran la basura sin preocupación y las que limpian la basura botada por otros. Es decir, unas esparcen problemas complicados y otras se esfuerzan por solucionar esos inconvenientes dispersos. Esto no tiene distinción de edad ni género. Así como hay niños amables que de manera natural muestran consideración con los demás, también hay adultos que solo piensan es su propia conveniencia sin preocuparse por otros.

  Superficialmente, puede parecer que quienes solucionan los problemas salen perdiendo, a menudo, por el capricho de personas egoístas. Por otra parte, da la impresión de que los que piensan solo en ellos mismos viven despreocupados y de manera provechosa porque actúan dando prioridad a su conveniencia por sobre la de los demás y hacen lo que les da la gana.

  Pero ¿en verdad es así?

  Los que tiran la basura parecieran salir ganando, pero en realidad, están perdiendo muchas cosas. Su comportamiento tiende a provocar problemas y a alejar a los demás, por lo que su vida se vuelve solitaria y alejada de su entorno. Por el contrario, los que recogen la basura conocen la alegría de actuar en bien del prójimo. Seguramente llevarán una vida alegre siendo queridos por los demás y rodeados de sonrisas.

  Cualquier persona puede brindar fuerza a otra ya sea a través de sus actos, palabras o su simple semblante. Entre más aumenten las personas que pasan sus vidas con «el corazón de salvar a los demás», con certeza este mundo mejorará.

  Con el sudor del Hinokishin podemos sentir realmente: «Ah, ¡que bueno que estoy del lado de quienes recogen la basura y no de los que la tiran!».

  Sin embargo, también hay personas que se niegan totalmente a «salvar a los demás». Ellos se justifican pensando que «no se puede sobrevivir en este mundo despiadado haciendo solo cosas buenas» o que «es de ingenuos preocuparse por el bienestar ajeno antes que el propio». Si alguien importante hiciera tales comentarios, es posible que nos dejemos llevar.

  Pero, hay alguien que llevó a cabo la salvación del prójimo y lo demostró con sus propios actos sin preocuparse en absoluto por sí misma ni su familia. Nos referimos a Oyasama.

  Oyasama vivió airosamente sin dejarse intimidar por las dificultades. Ella decía: «No puedo pasar un día sin salvar a alguien aunque solo sea una persona»; la alegría más grande para Oyasama era salvar a los demás. Si conociéramos ese camino trazado por Ella, cualquier forma de egocentrismo se vería eclipsada. A nuestro lado está Oyasama con una amplia y cálida sonrisa levantando sobre lo alto la gran esperanza de vivir en este mundo.