Enseñanza de Tenrikyo

Dios, Padre-Madre de toda la humanidad

Tenrikyo es la enseñanza revelada directamente por Dios Oyagami, Padre-Madre, con el deseo de salvar a los seres humanos y hacernos vivir el Yokigurashi, Vida Plena de Alegría y Felicidad.

Dios no solo creó el mundo y a los seres humanos, también nos vivifica y nos protege continuamente. Para nosotros los seres humanos es el Oya, Padre-Madre, original, por lo que le llamamos Dios Oyagami. Y cuando oramos, le reverenciamos invocándole como Tenri-O-no-Mikoto. Se nos enseña que este mundo es el cuerpo de Dios, en todas partes encontramos las providencias divinas.

Ayudarse mutuamente entre hermanos

Se nos enseña que Dios creó a los seres humanos con el deseo de compartir su alegría viéndolos vivir en un mundo feliz. Esta Vida Plena de Alegría y Felicidad es un estado que se consigue mediante la convivencia fraternal y la ayuda mutua. Se nos enseña que uno se salva salvando al prójimo. Para poder alcanzar el mundo lleno de alegría y felicidad, debemos liberarnos del egoísmo y tener presente la importancia de que todos los seres humanos somos hijos de Dios, lo que a su vez nos convierte en hermanos.

Las providencias según el corazón

También se nos enseña que el cuerpo humano es un préstamo de Dios y que solo el corazón nos pertenece. Se nos ha revelado que tendremos felicidad o desdicha según nuestra disposición espiritual. Esto se denomina la providencia de acuerdo con el corazón.

Reflexionar con la guía de Dios

A través de la fe de Tenrikyo no solo pedimos a Dios lo que nos conviene a nosotros y a nuestra familia, sino que en mayor grado nos esforzamos en llegar a un estado en que todos nos alegremos juntos, lo cual es la disposición esperada por Dios. Mientras vivamos aparecerán enfermedades o sufrimientos, pero estos no son más que una orientación divina para la reflexión. Cuando cambiemos el mal andar de nuestro corazón alcanzaremos la salvación del Oya.

Limpiando el polvo de nuestros corazones

Al oficiar el Tsutome, Servicio Sagrado, en Tenrikyo oramos recitando: «Ashiki o harote tasuke tamae Tenri-O-no-Mikoto (Limpiando los males sálvanos Tenri-O-no-Mikoto)». Esto muestra la actitud de que nuestros males espirituales se limpian con la ayuda de Dios, y le rogamos por la salvación de todos y cada uno. Los males espirituales son categorizados como polvo espiritual. Cada día debemos corregir el uso de nuestro corazón como si sacudiéramos las partículas minúsculas de polvo. Ahí está la base para recibir la salvación.