No voy a ningún lugar

2020/08/01

Palabras de Oyasama (en lugar de su hijo Shuji, después de que este partiera para renacer):

«Mi alma está abrazada por el Oya. Sólo retiré mi ropa usada».

  Un viaje en tren. Vislumbramos hermosos paisajes, cuales pintorescos cuadros, que van cambiando a medida que el tren avanza: un suave amanecer sobre el mar, montañas y campos bañados por los rayos del sol, rascacielos teñidos del rojo atardecer... Sin embargo, nosotros, los viajeros, no sabemos adónde nos lleva el boleto en nuestras manos. No sabemos si nuestro viaje continuará por mucho tiempo o si ya es momento de bajar.

  De hecho, estamos en medio del viaje de nuestras vidas. De cuando en cuando, nos sentimos intimidados por la muerte. Pero, ¿y antes de nacer? Aun cuando todos los que vivimos en este mundo lo hemos experimentado, ¿recordamos dónde y qué hemos estado haciendo durante todos estos millones de años? No creo que nadie recuerde estar preocupado antes de nacer por cómo le irá durante el parto. Cuando nos damos cuenta, ya somos parte de este mundo. Entonces, al momento de morir, aunque nos preocupemos o no, Dios Oyagami hará los arreglos para que todo vaya bien.

  Así como hay quienes buscan desesperadamente evitar la muerte, también hay quienes desearían no estar vivos. No obstante, todos, en algún momento, partimos para renacer. Aunque suene obvio, los humanos solo podemos vivir hasta el momento de morir. Por lo tanto, sería una lástima que no viviéramos disfrutando al máximo el presente que vivimos.

  El viento frío del invierno, la alegría de la primavera, el sol ardiente del verano, el colorido del otoño... Disfrutando del paisaje que se nos concede en cada estación, avancemos hasta donde este tren nos lleve sin preocuparnos adónde podremos llegar.

  Las vías del tren no se ven interrumpidas repentinamente por un letrero que diga «fin de las vías» o «borde del acantilado». Tampoco es la terminal, sino más bien, una estación de transbordo. Cuando el tren se detiene, nos ponemos una prenda recién hecha y nos embarcamos en el siguiente tren. Un nuevo viaje comienza. Y las vías del tren de la vida continúan por siempre.

  Si el desarrollo de los niños es una providencia de Dios Oyagami, envejecer y que el cuerpo se debilite también lo es. Morir para renacer también es algo completamente natural por lo que todo ser vivo debe pasar. Alegrémonos por poder envejecer y también por poder partir para renacer. La voz cariñosa de Oyasama nos dice: «Te has esforzado mucho. Ya puedes descansar tranquilo. Mientras tanto, te iré preparando una nueva ropa. Vuelve pronto».

  ¡La vida es maravillosa!